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Wednesday, April 15, 2009

ecuador: 'Las farmacéuticas sí influyen en el médico'

'Las farmacéuticas sí influyen en el médico'
Para Agustín García Banderas, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Bioética Médica, los médicos no se deben dejar influenciar por las empresas.
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Agustín García Banderas, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Bioética Médica

Redacción Sociedad

¿En 47 años que lleva como médico, alguna vez ha recibido cebiches de las empresas farmacéuticas como dice un artículo del epidemiólogo Juan Moreira de la PUCE?

A mí nunca me han traído cebiches. El papel de las farmacéuticas, a través de los visitadores médicos, es llevar información al médico sobre nuevos productos o sobre los que ya existen en el mercado.

¿Y los cursos, cenas, regalos... que los propios visitadores reconocen?

Estamos viviendo un mundo globalizado, donde predomina la economía de mercado. Y eso ha llegado a la Medicina, en la cual se habla un lenguaje de mercadeo cuando se promociona algo.

¿Por qué está aquí?
Su trayectoria.
Quiteño de 71 años, es gineco-obstetra y profesor de humanidades médicas en la U. Central. En el año 2000 participó en la elaboración de la Ley de Genéricos.
Su posición. Cree que los  médicos no se deben dejar influenciar por las empresas.

¿A qué se refiere cuando habla de que la economía de mercado llegó a la salud?

Usted ve en la televisión que aparecen propagandas sobre cualquier tratamiento. Abajo están unas letritas que dicen:  'si los síntomas persisten, consulte a su médico'. Entonces, a través de ese espacio las farmacéuticas recetan al paciente y este se  automedica. A eso me refiero cuando hablo del tema.

Entonces ¿sí hay influencia?

Esa injerencia puede ser mayor entre los médicos jóvenes o estudiantes, que no tienen criterios formados como los especialistas maduros que ya conocen un conjunto de fármacos para tratar.

¿Cómo se puede regular?

Empezando desde las aulas. Desde hace 45 años soy profesor de la Facultad de Medicina de la Universidad Central y nuestros alumnos tienen formación en bioética, que es la nueva ética que se difunde a escala mundial. Se fundamenta en la conciencia y en el criterio personal del galeno. En la universidad   indicamos que eso está bien, que elija bien. Ellos trabajan bastante con los genéricos. 

¿Por qué entonces al salir al mercado, en sus consultorios prefieren los de marca?

Será porque ya no están los profesores junto a ellos, sino los representantes de las farmacéuticas que dicen qué productos recetar.

Pero hay otros médicos que señalan que el genérico es solo harina y por eso no lo recetan. Eso incluso hizo que en 2008 se vendan USD 700 millones en productos de marca y USD 64 millones en genéricos.

Lo que dicen es subjetivo, tanto como cuando digo doy el de marca, confío y dan resultados.

Es decir, ¿no hay estudios científicos?

No sé si han hecho alguna prueba o han experimentado en el Instituto de Higiene Izquieta Pérez para decir tal o cual producto no vale.
 
¿Entonces cómo controlar que los médicos cumplan con la Ley de Genéricos?

Allí deben entrar las autoridades del Ministerio de Salud, que son las encargadas legalmente de realizar este tipo de controles.

¿Que sean más fuertes en el control?

Sí, señor. De lo que conozco en las entidades del Ministerio de Salud, Fuerzas Armadas y Policía, los doctores dan medicamentos genéricos, pero todavía falta difusión.

¿Solo depende de eso para romper con la influencia de las farmacéuticas, que son catalogadas como potencias transnacionales?

Eso es verdad. Ellas mueven el mercado. No tengo cifras, pero sabemos que es la tercera fuerza que  más dinero maneja en el mercado mundial.  

¿Entonces es difícil ir contra corriente?

Por supuesto.

¿Y por eso sucumben los médicos?

Podría decirse que sí, aunque no quisiera decir sucumbir, sino dejarse influenciar.

¿Cuál es la solución a esta problemática?

Se empieza a hablar de la necesidad de un médico familiar, de un especialista que conozca el problema de un paciente y del tipo de terapia que necesita, para que así no divague en el tratamiento.

¿Quiere decir, que ese médico hará que el paciente se trate solo con un determinado medicamento y no con el que primero llega a sus manos a través de los visitadores?

El médico familiar debe saber incluso si ese paciente puede comprar los tratamientos. Hay casos en que mandan a adquirir recetas de USD 100 ó 200. Esta persona solo comprará una pastilla y eso no servirá para nada. Tiene que haber una relación humana y no de mercado entre el paciente y el médico.

Agustín García Banderas, presidente de la Sociedad Ecuatoriana de Bioética Médica. Ampliar Imagen  Foto:EL COMERCIO

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Monday, April 13, 2009

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¿Cuál es la globalización que sobrevivirá?

Por Joseph S. Nye, Jr. - Periodista Invitado - 13/04/2009

 

CAM­BRID­GE – Es­te año la eco­no­mía mun­dial se con­trae­rá por pri­me­ra vez des­de 1945, y a al­gu­nos eco­no­mis­tas les preo­cu­pa que la cri­sis ac­tual pu­die­ra sig­ni­fi­car el prin­ci­pio del fin de la glo­ba­li­za­ción. Las épo­cas de di­fi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas y el pro­tec­cio­nis­mo van de la ma­no, pues­to que ca­da país cul­pa a los de­más y pro­te­ge sus em­pleos in­ter­nos. En los años 30, esas po­lí­ti­cas de "em­po­bre­cer al ve­ci­no" em­peo­ra­ron la si­tua­ción. A me­nos que los lí­de­res se re­sis­tan a apli­car esas res­pues­tas, el pa­sa­do po­dría con­ver­tir­se en el fu­tu­ro.


Iró­ni­ca­men­te, sin em­bar­go, esa pers­pec­ti­va tan som­bría no sig­ni­fi­ca­ría el fin de la glo­ba­li­za­ción de­fi­ni­da co­mo un au­men­to de las re­des mun­dia­les de in­ter­de­pen­den­cia. La glo­ba­li­za­ción tie­ne va­rias di­men­sio­nes y, aun­que los eco­no­mis­tas a me­nu­do se re­fie­ren a ella y a la eco­no­mía mun­dial co­mo si fue­ran la mis­ma co­sa, otras for­mas de la glo­ba­li­za­ción tam­bién tie­nen efec­tos sig­ni­fi­ca­ti­vos –no to­dos be­né­fi­cos– en nues­tra vi­da co­ti­dia­na.


La ma­ni­fes­ta­ción más an­ti­gua de la glo­ba­li­za­ción fue am­bien­tal. Por ejem­plo, la pri­me­ra epi­de­mia de vi­rue­la se re­gis­tró en Egip­to en 1350 a.C. Lle­gó a Chi­na en 49 d.C., a Eu­ro­pa des­pués de 700, a las Amé­ri­cas en 1520 y a Aus­tra­lia en 1789. La pes­te bu­bó­ni­ca, o pes­te ne­gra, se ori­gi­nó en Asia, pe­ro al pro­pa­gar­se ma­tó a en­tre un cuar­to y un ter­cio de la po­bla­ción de Eu­ro­pa en el si­glo XIV.


En los si­glos XV y XVI los eu­ro­peos lle­va­ron en­fer­me­da­des a las Amé­ri­cas que des­tru­ye­ron al 95% de la po­bla­ción na­ti­va. En 1918, una pan­de­mia de gri­pe cau­sa­da por un vi­rus de las aves aca­bó con la vi­da de 40 mi­llo­nes de per­so­nas en to­do el mun­do, mu­cho más que las que ha­bían muer­to en la gue­rra mun­dial que aca­ba­ba de ter­mi­nar. Ac­tual­men­te al­gu­nos cien­tí­fi­cos pre­di­cen que se re­pe­ti­rá la pan­de­mia de gri­pe aviar.


Des­de 1973 han sur­gi­do 30 en­fer­me­da­des con­ta­gio­sas que se des­co­no­cían y otras, más fa­mi­lia­res, se han pro­pa­ga­do geo­grá­fi­ca­men­te con nue­vas for­mas re­sis­ten­tes a los me­di­ca­men­tos. En los 20 años pos­te­rio­res a la iden­ti­fi­ca­ción del VIH­/SI­DA en los años 80 han muer­to 20 mi­llo­nes de per­so­nas y 40 mi­llo­nes más es­tán in­fec­ta­das en to­do el mun­do. Al­gu­nos ex­per­tos pre­vén que esa ci­fra se du­pli­ca­rá pa­ra 2010. La pro­pa­ga­ción de es­pe­cies fo­rá­neas de flo­ra y fau­na a nue­vas zo­nas ha ani­qui­la­do a las es­pe­cies na­ti­vas y po­dría pro­vo­car pér­di­das eco­nó­mi­cas de va­rios mi­les de mi­llo­nes de dó­la­res al año.


El cam­bio cli­má­ti­co glo­bal afec­ta­rá la vi­da de to­do el mun­do. Mi­les de cien­tí­fi­cos de más de 100 paí­ses in­for­ma­ron re­cien­te­men­te que hay evi­den­cias nue­vas y só­li­das de que la ma­yor par­te del ca­len­ta­mien­to ob­ser­va­do en los úl­ti­mos 50 años es atri­bui­ble a las ac­ti­vi­da­des hu­ma­nas, y se pre­vé que las tem­pe­ra­tu­ras pro­me­dio a ni­vel glo­bal au­men­ten en­tre 1,3 y 5,5 gra­dos cen­tí­gra­dos en el si­glo XXI. El re­sul­ta­do po­dría ser una va­ria­ción más se­ve­ra del cli­ma con de­ma­sia­da agua en al­gu­nas re­gio­nes y es­ca­sez en otras.


En­tre los efec­tos ha­brá tor­men­tas y hu­ra­ca­nes más fuer­tes, inun­da­cio­nes, se­quías más pro­lon­ga­das y más des­pren­di­mien­tos de tie­rras. En mu­chas re­gio­nes el au­men­to de la tem­pe­ra­tu­ra ha alar­ga­do la es­ta­ción de des­hie­lo y los gla­cia­res se es­tán de­rri­tien­do. El rit­mo al que su­bió el ni­vel del mar en el úl­ti­mo si­glo fue 10 ve­ces más rá­pi­do que el pro­me­dio de los úl­ti­mos tres mi­le­nios.


Tam­bién es­tá la glo­ba­li­za­ción mi­li­tar, que con­sis­te en las re­des de in­ter­de­pen­den­cia en las que se uti­li­za la fuer­za o la ame­na­za del uso de la fuer­za. Las gue­rras mun­dia­les del si­glo XX son un ejem­plo. La an­te­rior era de glo­ba­li­za­ción eco­nó­mi­ca lle­gó a su cús­pi­de en 1914 y las dos gue­rras mun­dia­les sig­ni­fi­ca­ron un re­tra­so. Pe­ro si bien la in­te­gra­ción eco­nó­mi­ca glo­bal no re­cu­pe­ró el ni­vel que te­nía en 1914 has­ta me­dio si­glo des­pués, la glo­ba­li­za­ción mi­li­tar cre­ció a me­di­da que la eco­nó­mi­ca se con­traía.


Du­ran­te la Gue­rra Fría, la in­ter­de­pen­den­cia es­tra­té­gi­ca glo­bal en­tre Es­ta­dos Uni­dos y la Unión So­vié­ti­ca fue agu­da y cla­ra. No só­lo pro­du­jo alian­zas que abar­ca­ban to­do el mun­do si­no que cual­quie­ra de los ban­dos pu­do ha­ber uti­li­za­do mi­si­les in­ter­con­ti­nen­ta­les pa­ra des­truir al otro en me­nos de 30 mi­nu­tos.


Es­te fue un ras­go dis­tin­ti­vo no por­que fue­ra to­tal­men­te nue­vo, si­no por­que la mag­ni­tud y la ve­lo­ci­dad de un po­ten­cial con­flic­to de­ri­va­do de la in­ter­de­pen­den­cia mi­li­tar eran enor­mes. Ac­tual­men­te, Al Qae­da y otros ac­to­res trans­na­cio­na­les han for­ma­do re­des glo­ba­les de agen­tes y de­sa­fían los en­fo­ques con­ven­cio­na­les de la de­fen­sa na­cio­nal me­dian­te lo que se ha da­do en lla­mar la "gue­rra asi­mé­tri­ca".


Por úl­ti­mo, la glo­ba­li­za­ción so­cial con­sis­te en la pro­pa­ga­ción de pue­blos, cul­tu­ras, imá­ge­nes e ideas. La mi­gra­ción es un ejem­plo con­cre­to. En el si­glo XIX, al­re­de­dor de 80 mi­llo­nes de per­so­nas atra­ve­sa­ron los océa­nos pa­ra bus­car un nue­vo ho­gar –mu­chas más que en el si­glo XX. Al ini­cio del si­glo XXI, 32 mi­llo­nes de los re­si­den­tes en Es­ta­dos Uni­dos (el 11.5% de la po­bla­ción) ha­bían na­ci­do en el ex­tran­je­ro. Ade­más, apro­xi­ma­da­men­te 30 mi­llo­nes de per­so­nas (es­tu­dian­tes, em­pre­sa­rios, tu­ris­tas) en­tran ca­da año al país.


Las ideas son un as­pec­to igual­men­te im­por­tan­te de la glo­ba­li­za­ción so­cial. La tec­no­lo­gía ha­ce que la mo­vi­li­dad fí­si­ca sea más fá­cil, pe­ro las reac­cio­nes po­lí­ti­cas lo­ca­les con­tra los in­mi­gran­tes ya es­ta­ban cre­cien­do aun an­tes de la ac­tual cri­sis eco­nó­mi­ca.
El pe­li­gro ac­tual­men­te es que las reac­cio­nes pro­tec­cio­nis­tas mio­pes a la cri­sis eco­nó­mi­ca po­drían con­tri­buir a as­fi­xiar la glo­ba­li­za­ción eco­nó­mi­ca que ha dis­tri­bui­do cre­ci­mien­to y ha sa­ca­do de la po­bre­za a mi­llo­nes de per­so­nas en el úl­ti­mo me­dio si­glo. Pe­ro el pro­tec­cio­nis­mo no fre­na­rá las de­más for­mas de glo­ba­li­za­ción.


La tec­no­lo­gía mo­der­na sig­ni­fi­ca que los pa­tó­ge­nos via­jan más fá­cil­men­te que en pe­río­dos an­te­rio­res. Las fa­ci­li­da­des pa­ra via­jar au­na­das a los tiem­pos de di­fi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas im­pli­can que las ta­sas de mi­gra­ción po­drían ace­le­rar­se has­ta el pun­to de que las fric­cio­nes so­cia­les su­pe­ren el be­ne­fi­cio eco­nó­mi­co ge­ne­ral. De ma­ne­ra si­mi­lar, las di­fi­cul­ta­des eco­nó­mi­cas pue­den em­peo­rar las re­la­cio­nes en­tre go­bier­nos y los con­flic­tos in­ter­nos que po­drían lle­gar a la vio­len­cia.


Al mis­mo tiem­po, los te­rro­ris­tas trans­na­cio­na­les se­gui­rán be­ne­fi­cián­do­se de la tec­no­lo­gía de la in­for­ma­ción mo­der­na co­mo In­ter­net. Y si bien la ac­ti­vi­dad eco­nó­mi­ca de­pri­mi­da pue­de de­sa­ce­le­rar en cier­ta me­di­da el rit­mo de con­cen­tra­ción de ga­ses de efec­to in­ver­na­de­ro en la at­mós­fe­ra, tam­bién de­sa­ce­le­ra­rá el ti­po de pro­gra­mas cos­to­sos que los go­bier­nos de­ben apli­car pa­ra abor­dar las emi­sio­nes que ya exis­ten.


Así pues, a me­nos que los go­bier­nos coo­pe­ren pa­ra es­ti­mu­lar sus eco­no­mías y se re­sis­tan al pro­tec­cio­nis­mo, el mun­do po­dría en­con­trar­se con que la cri­sis eco­nó­mi­ca ac­tual no sig­ni­fi­ca el fin de la glo­ba­li­za­ción si­no só­lo de la del ti­po po­si­ti­vo, con lo que que­da­ría­mos en la peor de las si­tua­cio­nes po­si­bles.

El au­tor es pro­fe­sor en Har­vard, re­cien­te­men­te fue ca­li­fi­ca­do co­mo uno de los aca­dé­mi­cos más in­flu­yen­tes de los úl­ti­mos 20 años por otros aca­dé­mi­cos del cam­po de las re­la­cio­nes in­ter­na­cio­na­les.


Copy­right: Pro­ject Syn­di­ca­te y LOS TIEM­POS, 2009.
www­.pro­ject-syn­di­ca­te.org
Tra­duc­ción de Ke­na Ne­quiz


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Tuesday, April 07, 2009

"El aborto no es una cuestión política, sino de verdadera humanidad"

"El aborto no es una cuestión política, sino de verdadera humanidad"

El cardenal Cañizares defiende la vida en la homilía del Domingo de Ramos 
 
catedral de toledo
 

TOLEDO, lunes 6 de abril de 2009 (ZENIT.org).- El cardenal Antonio Cañizares, administrador apostólico de Toledo y prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos, afirmó que el aborto no es  una cuestión política, sino de verdadera humanidad, en la homilía que pronunció este Domingo de Ramos en la Misa en la catedral de Toledo. 

"No puede haber una ampliación de ley del aborto: va en contra del hombre y va en contra de los designios de Dios, va en contra de la Cruz de Cristo, donde está la verdad de Dios y la verdad del hombre, del hombre amado hasta el extremo, del hombre que merece todo ese amor infinito que paga la sangre por todo hombre; no podemos resignarnos a esto", afirmó. 

"No es una cuestión de partido -¡bien sabe Dios que no hago una cuestión política!- pero sí digo ante la Cruz de Cristo que no podemos volver a rechazar a Cristo donde está todo el amor, toda la verdad y la grandeza del hombre, que debe ser respetado, querido y amado", añadió.

Tras presidir la procesión de Ramos, el cardenal animó a aclamar a Jesús "generando con Él y desde Él, una corriente de paz, de reconciliación, de perdón, de solidaridad, de fraternidad universal, de amor, de servicio, una nueva civilización del amor que nace de Él, de afirmación de la vida del hombre siempre y en todo momento, de apuesta por la dignidad inviolable de todo ser humano que tanto es amado por Dios, hasta la cruz". 

El cardenal instó a unirse a Jesús "frente a la violencia, frente a la destrucción del hombre aún no nacido, frente al terrorismo, el odio, las luchas, los enfrentamientos y las divisiones entre los hombres". 

"Abramos una corriente llena de ímpetu y fortaleza que haga del amor a Dios y al prójimo la suprema norma de la vida individual y social, frente a esa corriente ciega de agresión, de falta de respeto al hombre, de violación de la dignidad humana, de eliminación de la vida del hombre incluso del inocente y del no nacido", señaló.  

También tuvo un recuerdo para los miles de jóvenes que se encontraban en ese mismo momento en la Plaza de San Pedro del Vaticano con el Papa, de quien recibieron la Cruz que presidirá la próxima Jornada Mundial de la Juventud, en 2011 en Madrid. 
 



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El valor de la vida humana está por encima de toda interpretación ideológica

el aborto es el aborto

http://xpresat.files.wordpress.com/2008/11/aborto3.jpg

 

El valor de la vida humana está por encima de toda interpretación ideológica. Así lo ha dicho Ignacio Gil y concuerdo con él. Trivializar ese valor constituye una deformación inaceptable. El aborto no es una expresión de modernidad ni es tampoco un avance social. El aborto representa un fracaso colectivo que se traduce en un drama personal. Sostener que el aborto es un derecho constituye una falacia en toda regla. Semejante tesis contradice la jerarquía de la vida como primer bien jurídico protegido que ha de serlo en todo ordenamiento legal civilizado. Nadie puede decidir a su antojo cuándo la vida humana adquiere tal condición porque aquella lo es desde el momento inicial de su génesis. Mienten igualmente quienes dicen que esta afirmación responde tan sólo a un criterio de índole religioso. Por el contrario es de suyo una evidencia científica y filosófica de modo que negarla carece de rigor en el estricto terreno de la biología, de la dialéctica y del derecho. La vida existe desde el instante en que se afirma y desde ese segundo mismo la vida concebida por un ser humano sólo puede ser por definición vida humana en plenitud.
www.derhumano.blogspot.com

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Monday, April 06, 2009

tabaquismo21: Abandonar el tabaco en la semana 15 del embarazo evita el parto pretérmino

REVISTAS INTERNACIONALES. NEUROLOGÍA Un estudio publicado en el último número de 'Science' muestra más evidencias sobre cómo dormir favorece que el cerebro tenga más energía durante el día

Abandonar el tabaco en la semana 15 del embarazo evita el parto pretérmino

 
Se evitaría también que el bebé nazca con bajo peso
06/04/2009
 
Las mujeres que fuman a lo largo del embarazo presentan un riesgo hasta tres veces mayor de tener un parto prematuro  y hasta dos veces más de tener un hijo de bajo peso. Sin embargo, un estudio publicado en el último número de British Medical Journal indica que abandonar el hábito tabáquico en el cuarto mes de gestación ayudaría a evitar ambas circunstancias.

El estudio, realizado por investigadores de la Universidad de Auckland (Nueva Zelanda), se llevó a cabo en 2.500 mujeres embarazadas durante 15 semanas y se las dividió en tres grupos: no fumadoras, mujeres que habían dejado el hábito y fumadoras actuales.

Los resultados del estudio mostraron que no hubo diferencias en las tasa de partos prematuros de las mujeres que habían dejado de fumar y en las que no fumaban. Sin embargo, las que eran fumadoras presentaban un riesgo mucho mayor. Asimismo, se hallaron resultados similares en la talla de los recién nacidos de este último grupo.

Otra conclusión importante, indican los investigadores, es que las mujeres que no fumaban estaban menos estresadas

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Sunday, April 05, 2009

¿Cómo será la educación médica del futuro?

  Por Guillermo Jaim Etcheverry
¿Cómo será la educación médica del futuro?

El texto completo de la conferencia pronunciada en las Jornadas IntraMed 2008. Ideas contundentes y duros cuestionamientos hacia la realidad educativa.


IntraMed
 
ÍNDICE 
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Por Guillermo Jaim Etcheverry

 Cuando se analiza el problema que plantea la educación médica, resulta habitual enunciar una serie de buenas ideas y mejores propósitos. La experiencia obtenida a partir de un contacto más estrecho con la formación universitaria, me ha llevado a pensar que este problema no es sino un reflejo de la situación del conjunto del sistema educativo. Las tendencias que en él se observan influencian decisivamente mucho de lo que sucede en nuestras universidades en general y en nuestras facultades de medicina en particular.

De allí que en esta ocasión haya decidido formular unos pocos comentarios relacionados con ese marco más amplio en lugar de desarrollar temas específicos. Plantearé algunas ideas intencionadamente polémicas porque pretendo estimular la imprescindible reflexión sobre algunas de estas cuestiones. Estoy seguro de que la posición correcta seguramente se encuentra en algún punto intermedio entre las tendencias que hoy gozan de mucha popularidad y la visión que me propongo exponer. Lo hago, precisamente, como una contribución a la búsqueda de esa zona gris porque advierto el peligro al que nos puede llevar la adhesión acrítica, sin ninguna resistencia, a muchas de las tendencias educativas contemporáneas.

El cambio permanente

 Entre los signos distintivos de la sociedad actual se pueden identificar la fascinación por la velocidad, el prestigio de lo nuevo, la obsesión que nos persigue por el cambio permanente. A esas tendencias no escapa la educación. Esta es la razón por la que las estructuras educativas, en todos sus niveles, están sometidas a constantes mutaciones.

Cuando se escucha el discurso de los reformadores de la educación, es preciso concluir que todo lo que se hizo hasta ahora tuvo resultados desastrosos. Gracias a la denigrada "pedagogía tradicional", parecieran haberse formado una suerte de individuos estúpidos, memorizadores de informaciones inútiles, simples repetidores obsesionados por las evaluaciones, desmotivados por continuar aprendiendo durante el resto de sus vidas, dotados de un pensamiento infantil, incapacitados para trabajar junto con otros, bloqueados en toda discusión.

En suma, unos pobres y despreciables ignorantes, desprovistos de juicio crítico y carentes de personalidad. Como el resultado de esos métodos perversos somos nosotros mismos, hay que advertir que es a nosotros a quienes describimos cuando criticamos a los que hoy denominamos despectivamente "métodos tradicionales de aprendizaje". Los caracterizamos recurriendo al peor de los calificativos, porque para la sociedad actual no hay nada más degradante que considerar que algo es "tradicional".

En el contexto de una cultura que se horroriza ante el esfuerzo, que concibe a los estudiantes como indefensas víctimas explotadas por un sistema despiadado, que ha decidido que el conocimiento de lo concreto ya no importa porque los datos están en las redes de información – antes estaban en los libros pero a nadie se le ocurría afirmar que había que ignorarlos – ha aparecido una pedagogía acorde con esas aspiraciones.

Es la que nos promete un estudiante activo, motivado, interesado por aprender durante toda la vida, dotado de pensamiento adulto, capacitado para trabajar con los demás. Muy diferente, en fin, de esto despreciable que somos nosotros mismos.

Una pedagogía desvelada por la relevancia y por eso centrada en lo "útil", como si resultara posible anticipar qué y cuándo algún conocimiento nos será útil.

Una pedagogía promotora del "estudiante entretenido" y activo, distante de quienes hoy se "aburren" ante la propuesta de estudiar algo en profundidad y con seriedad.

Una pedagogía estimulante de la discusión, aunque la sustancia del debate no refleje más que la ignorancia acerca de los aspectos más elementales de lo que se discute. 

Se reconocen entre estas muchas de las ideas que subyacen en no pocos intentos de renovación de la enseñanza en nuestras escuelas de medicina. Para peor, en muchos casos, a menudo ni siquiera contemplan la necesidad de disponer de los recursos materiales y de las personas que permitan encararlos con un mínimo de seriedad. Desconocemos una realidad que nos señala, implacable, que no contamos ni con los alumnos ni con los docentes capacitados para desarrollar programas cuyos beneficios, además, están aún lejos de ser demostrados.

Como todos nosotros conservamos el recuerdo del esfuerzo que nos demandó educarnos y, además, vivimos en una sociedad que mira con espanto toda apelación a ese esfuerzo, pensamos que lo podremos hacer más sencillo, más rápido, más "relevante". Olvidamos muchas veces que los estudiantes tienen derecho a comprender la complejidad, a enfrentarse con la dificultad, a ejercitarse en la abstracción. Por eso, sería muy saludable que sometiéramos a la crítica las teorías que sustentan los experimentos que hoy llevamos a cabo con nuestros indefensos alumnos.

Debemos advertir algo evidente en todos los niveles de la educación: los maestros están negando precipitadamente la función de enseñar que hoy parece haberse convertido en vergonzante. En una encuesta realizada hace pocos años entre docentes del ciclo primario y medio en la Argentina, el 73 % se considera "facilitador del aprendizaje", mientras que solo el 13 % se concibe como "transmisor de cultura y conocimiento". El 61 % considera como su misión más importante "desarrollar la creatividad y el espíritu crítico", mientras que solo el 28 % estima que de ellos se espera la transmisión de conocimientos actualizados y relevantes. El 13 % considera a esta, la transmisión de conocimientos actualizados y relevantes, su función MENOS importante.

Estamos así ante el milagro del desarrollo de la creatividad pura, en un vacío de conocimientos. ¿Serán tan creativos los adolescentes que, en número creciente egresan de nuestras escuelas, sin poder pronunciar frases dotadas de sentido, sin comprender lo que leen – según el estudio PISA 2006 el 58 % de los jóvenes argentinos de 14 años que están cursando la educación media carecen de la capacidad de comprender lo que leen – carentes de la capacidad de realizar simples abstracciones, todo ello como resultado del hecho de que a nadie le interesó enseñarles algo?

Existe un horror contemporáneo a asumir la responsabilidad de enseñar, porque esa actitud implica una asimetría en la relación docente-alumno que resulta políticamente incorrecta. ¡Hasta se ha llegado a debatir si quienes dirigen los "grupos de discusión" deben o no conocer los contenidos del curso! No es extraño, pues, que ante estas posiciones estén surgiendo en todo el mundo movimientos que se proponen, "volver a enseñar". Están convencidos que "aprender a aprender", como está de moda preconizar hoy, se aprende aprendiendo algo.

Quiero proponer la tesis de que nos resistimos a admitir que la enseñanza es, ante todo, ejemplo. Ejemplo del maestro atraído por el conocimiento. Esforzado ejemplo a imitar con esfuerzo. Como lo afirmara Albert Einstein, "Dar ejemplo no es la principal manera de influir sobre los demás; es la única." Estoy convencido de que el principal determinante de una buena escuela, de una buena universidad sigue siendo, como siempre lo ha sido, contar con buenos profesores. Eso trasciende el curriculum, la organización, el método, las computadoras, los proyectores, todo. Porque el objetivo central de una institución educativa que pretende ser importante es que sus alumnos entren en contacto directo con personas excepcionales. Que las vean, las escuchen, las sientan pensar.

 Una vez que esos jóvenes han sido poseídos por el virus de lo absoluto, una vez que han visto, oído, hasta olido la fiebre y el fervor de aquellos que buscan desinteresadamente la verdad y, en nuestro caso ayudar compasivamente al otro que sufre – que es lo que siempre hemos intentado hacer – persistirá en ellos algo de esos resplandores singulares. Por el resto de sus vidas o de sus carreras, en la mayor parte de los casos rutinarias y poco distinguidas, esas personas llevarán dentro de si alguna defensa contra el vacío interior.

Muchas estrategias de modernización nos pueden conducir al descenso en la calidad de la enseñanza, superficializándola y acentuando su banalidad. Lo que es peor, la tecnocracia educativa conduce al desprestigio de la figura del docente, que es quien representa el valor social del conocimiento. Al desvalorizar la persona del docente, mostramos a las jóvenes generaciones que lo que ellos hacen no nos interesa.

Un profesor de la Universidad de McMaster en Canadá, decía no hace mucho: "Pienso que, particularmente desde los años 80, la palabra maestro se usa cada vez menos debido a lo que creo es un concepto equivocado de promoción de la persona como entidad individual y no dependiente de sus modelos". Citaba luego a uno de sus alumnos que señalaba: "En las universidades hay muchos profesores, pero pocos maestros". Es tristemente cierto. Lo que esos maestros enseñan, a quienes enseñan y el dónde y el cómo enseñan, continuarán cambiando. Pero lo que no debería cambiar es lo que significa para la sociedad la esencia de esa enseñanza: el ejemplo del maestro.

 En el contexto de una práctica de la medicina como la actual, guiada crecientemente por consideraciones económicas, es más importante que nunca educar además de entrenar, al futuro médico, para que al menos conserve el núcleo de convicciones que han distinguido a nuestra profesión, hoy tan gravemente amenazada. Convicciones que nos han llegado prácticamente intactas desde la época de Hipócrates, como se advierte en el Juramento Hipocrático, uno de los más bellos documentos que ha producido la ética humana. Esa línea sigue inmutable, porque hoy los médicos seguimos haciendo lo mismo. Aunque utilicemos técnicas muy distintas a las de entonces, no debemos perder de vista la esencia de nuestra misión. Una misión humana por excelencia, transmitida por humanos que saben y que saben hacer, una misión intraducible a los criterios de eficiencia de las empresas.

La "moda evaluativa"

Precisamente, una de las características que mejor define la situación de la universidad actual es su acelerada incorporación a la lógica empresarial y comercial que hoy domina todas las esferas del quehacer humano. Se está instalando con fuerza avasalladora la concepción que sostiene que, para justificar su existencia, resulta imprescindible que la universidad – y la educación en general – exhiba resultados mensurables y comercializables. Cuánto entra, cuanto sale, a qué costo, qué más se puede vender. De allí que se apliquen a la institución y a sus "productos", los mismos criterios con los que se juzga la productividad y la eficiencia de las empresas que comercializan bienes, en este caso la educación, transformada en uno más entre los bienes transables. No solo se industrializa la salud, también lo hace aceleradamente la educación.

Esto lleva a emprender evaluaciones de todo tipo para justificar la existencia de la universidad ante sus "clientes". Para demostrar la eficacia institucional se establecen complejas relaciones entre la inversión y los supuestos "productos". Esta lógica empresarial ha conquistado de manera acelerada un territorio que, hasta no hace mucho, respondía a valores culturales y académicos y no a los puramente materiales y comerciales. Parecería no advertirse que resulta imposible aplicar la lógica de las empresas a un "producto" tan difícil de definir como "un estudiante educado" o un conocimiento significativo. No es tarea sencilla distinguir entre la educación y su certificación, entre pensar y procesar la información, entre producir conocimiento y simplemente consumirlo.

Es con preocupación que debe advertirse el advenimiento a la esfera de lo público de un grupo de administradores, por lo general jóvenes y bien entrenados, que reciben por la tarea de gestión y control, salarios que superan en varios órdenes de magnitud a los de los propios gestionados. Esta floreciente burocracia, definidora de la calidad y predicadora de lo obvio, alienta las evaluaciones y los controles que, sobre todo, sirven para su perpetuación. Demuestra, además, una falta de percepción de la realidad que puede tener trágicas consecuencias para  nuestros países, porque no pocas veces se imponen criterios, generados en contextos muy diferentes.

La calidad de una universidad o la de una escuela de medicina no es equivalente a la de una empresa. Se trata, sobre todo, de emprendimientos culturales y deberíamos resistirnos a que se nos quiera convencer de que están guiados por las mismas reglas de las empresas o los comercios. El público, tan afecto a los rankings, rápidamente adhiere a mediciones de este tipo. El peligro es que también lo está haciendo la propia comunidad académica sin siquiera someterlas a la crítica.

Conclusión

 Son numerosas las graves amenazas que se ciernen sobre nuestras universidades y escuelas de medicina que no resulta posible ni siquiera enumerar por la escasez de tiempo. Como lo señala el académico estadounidense Bill Readings en su libro "La universidad en ruinas", "las universidades se están transformando en corporaciones transnacionales en las que la idea de la cultura está siendo reemplazada por el discurso de la 'excelencia'. Si bien, a primera vista, esta mutación no parece peligrosa, deberíamos ser cautos en adherir rápidamente a este enfoque tecno-burocrático. Esta nueva 'Universidad de la Excelencia' es, en realidad, una corporación movida por las fuerzas del mercado y, como tal, está más interesada en los márgenes de beneficio que en el pensamiento."

 La universidad se está convirtiendo en un servicio más en la era de los servicios y se aleja velozmente de aquella ideal comunidad de estudiosos reunidos en busca de la verdad. Una más entre las empresas, la universidad actual persigue como principal objetivo la satisfacción de sus "clientes", alumnos y potenciales proveedores de fondos.

Solo he pretendido dejar la sensación de que muchas de estas amenazas a nuestra misión, como universitarios y, sobre todo, como médicos, ingresan vestidas con el atractivo ropaje de la apelación a la "modernidad" y al cambio. Lógicamente hay mucho por hacer en nuestras facultades, pero es preciso que, como individuos pensantes y críticos – aún a pesar de aquella, nuestra inútil formación tradicional – consideremos al menos las implicancias que para la universidad del futuro tendrá el sentido hacia donde hoy orientemos esas transformaciones.

Es imprescindible comprometerse a emprender un esfuerzo destinado a convencer a la sociedad de que la educación encierra valores propios y que no es solo la clave de valores económicos. Deberíamos empeñarnos en fomentar en el seno de nuestras propias sociedades el desarrollo de un clima cultural, hoy inexistente, que nos permita contar con una universidad que merezca el nombre de tal. Si conseguimos volver a la idea de que la educación pertenece a la esfera del ser y no a la del tener, que ese ser se aloja en la conciencia de quienes asumen la responsabilidad de ser maestros y no en los circuitos de las máquinas, podremos intentar revertir la tendencia actual que busca convertir a la educación superior en un sector más del floreciente mercado de bienes y servicios.

Por eso considero que el futuro de la educación pasa por el mismo meridiano donde siempre se ubicó, por el que incluye a las personas, las que están apasionadas por conocer y, además, tan interesadas por los otros como para compartir con ellos su conocimiento. Allí es donde reside la única posibilidad de salvación: en el ejemplo, en encarar el esfuerzo de transmitir a las nuevas generaciones la rica herencia cultural a la que las nuevas generaciones tienen derecho por la sola razón de ser humanos. Días atrás, con motivo de los homenajes de que está siendo objeto a propósito de su octogésimo aniversario, Carlos Fuentes decía que, en realidad, las generaciones mayores tenemos la obligación de llevar a los jóvenes las novedades del pasado. Una bella frase que concreta el proyecto humano de la transmisión.

Estamos aquí porque antes que nosotros otros pensaron y tuvieron tanto interés en nosotros como para transmitirnos estas ideas centrales que nos han permitido seguir adelante con nuestras vidas. El mundo no comienza con cada generación, es un fluir continuo y si no advertimos que provenimos de un pasado, difícilmente podamos crear un futuro significativo. Si no nos damos cuenta de que hoy somos pasado de un futuro que vendrá, poco de significativo podremos hacer. Cumplir con esta tarea de transmisión es nuestra obligación y para eso debemos huir de la fascinación contemporánea por la tecnología que nos promete resolverlo todo. No es así, estamos en presencia de  herramientas utilísimas, deslumbrantes y maravillosas para quien está preparado a usarlas pero para quien no lo está, vacíos de todo contenido, son simples juguetes de estos tiempos. Lo importante del ser humano sigue siendo su contenido, lo que llevamos dentro, lo que hemos logrado construir cada uno de nosotros en nuestro interior con nuestro esfuerzo y con ayuda, con la guía interesada de nuestros padres, con el apoyo de nuestros maestros, con su dedicación, su atención y su afecto. Esas condiciones personales siguen siendo esenciales. Estamos perdiendo la capacidad de comunicarnos, de hablar, con quienes están a nuestro lado. Pagaremos un alto precio en el futuro por esa pérdida de la capacidad de interrelación personal, del contacto con nuestros semejantes. Lo que nos define como especie es precisamente nuestra capacidad de conocer y de comunicar a los demás eso que conocemos, lo que somos, habilidades que estamos perdiendo aceleradamente. Tenemos que hacer entre todos un esfuerzo para reconquistarlas.

Los médicos tenemos, además, la responsabilidad de entrar a las nuevas épocas con los ojos bien abiertos a lo que nos rodea, a una realidad distorsionada por el entretenimiento y la banalización permanentes, al escándalo de la injusticia y del hambre. Por nuestra formación y por el contacto permanente que tenemos con el otro que llega a nosotros sufriendo y que nos confía lo único valioso que tiene que es su vida. Los médicos tenemos la obligación de intentar ser, al menos, abogados defensores de esas vidas.

Prof.. Dr. Guillermo Jaim Etcheverry
Jornadas IntraMed 2008


Guillermo Jaim Etcheverry
(Buenos Aires, 31 de diciembre de 1942) es un médico, científico y académico argentino que fue rector de la Universidad de Buenos Aires (UBA) entre 2002 y 2006.
En 1965 se graduó de médico en la Universidad de Buenos Aires con Diploma de Honor. Su tesis de doctorado, realizada en esa universidad y dirigida por el Profesor Eduardo De Robertis, mereció el premio Facultad de Medicina a la mejor tesis en Ciencias Básicas de 1972. Dedicado de manera exclusiva a la docencia y a la investigación en el campo de la neurobiología, desarrolló su carrera en el Departamento de Biología Celular e Histología de la Facultad de Medicina de la UBA en el que ocupó todas las posiciones docentes y del que fue profesor titular y director hasta 2008. Fue decano de esa facultad en el periodo 1986 a 1990, siendo el primer decano elegido por el voto de los claustros desde la intervención de la universidad en 1966.
Fue becario de iniciación y perfeccionamiento del Consejo Nacional de Investigaciones Científicas y Técnicas (CONICET), institución a cuya Carrera del Investigador Científico se incorporó en 1971 y en la que actualmente se desempeña como investigador principal. Realizó estudios de postgrado en Basilea, Suiza durante 1969 con el apoyo de la IBRO-UNESCO y una beca de la John Simon Guggenheim Memorial Foundation le permitió trabajar en el Salk Institute de La Jolla, California, Estados Unidos en el laboratorio de Floyd Bloom en 1978. Sus investigaciones se han centrado en el estudio de los aspectos ultraestructurales y farmacológicos del almacenamiento de neurotransmisores en las terminaciones nerviosas. así como en el desarrollo ontogenético de las neuronas monoaminérgicas centrales y periféricas. Los resultados originales de sus estudios han sido recogidos en trabajos publicados en revistas nacionales e internacionales. De varias de esas publicaciones es o ha sido editor. Es autor de numerosos capítulos de libros de su especialidad.
Interesado activamente desde comienzos de la década de 1980 en los problemas de la educación en el país, es un protagonista activo en el debate público sobre el tema mediante publicaciones y frecuentes apariciones en medios masivos de comunicación. En 1999 publicó un libro, La tragedia educativa, que recibió el premio al Mejor Libro de Educación editado ese año, otorgado por las X Jornadas Internacionales de Educación y que despertó un singular interés.
Es miembro de número de la Academia Nacional de Educación y de la Academia Argentina de Artes y Ciencias de la Comunicación así como también miembro correspondiente de la Academia de Medicina de Córdoba.
Recibió numerosas distinciones en el país y en el exterior. Entre ellas, cabe mencionar el Premio Bernardo A. Houssay otorgado por el CONICET, el premio Edenor a la Trayectoria y la Mención Especial en Ciencia y Tecnología de los Premios Konex 2003. Miembro del Foro Iberoamérica, en 2001 recibió el premio "Maestro de la medicina argentina". En 2004 fue elegido Foreign Honorary Member por la American Academy of Arts and Sciences de los Estados Unidos de América. Ese mismo año integró el jurado que otorgó los "The Rolex Awards for Enterprise". Desde 2005, preside el Comité de Selección de las becas que otorga la John Simon Guggenheim Memorial Foundation, Nueva York y ese año fue designado Chevalier dans l'Ordre des Palmes Académiques por la República Francesa. En 2007 recibió la Médaille d'Or de la Societé d'Encouragement au Progres" de Francia.En 2002 fue elegido Rector de la Universidad de Buenos Aires. En la actualidad es presidente de la Fundación Carolina de Argentina, estrechamente relacionada con la Fundación Carolina de España cuyo Patronato preside el Rey Juan Carlos I.

*Fuente Wikipedia



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Thursday, April 02, 2009

Este 7 de abril ningún chileno compra en Farmacias

Este 7 de abril ningún chileno compra en Farmacias



Por la defensa de los consumidores, porque en Chile producimos los fármacos a mejor precio y sin embargo pagamos más de lo que corresponde,

Porque  muchas veces la farmacia nos cambió el producto recetado por uno de su conveniencia,

Porque  las cadenas de farmacia le hacen el quite a vender  fármacos  de laboratorios  mas económicos,

Porque  por años han abusado de la precariedad de muchos de nuestros mayores al venderles lo mas caro y mas encima se pusieron de acuerdo para subir los precios en cientos de medicamentos: ESTE MARTES 7 DE ABRIL que ningún chileno compre productos a las cadenas de farmacias Cruz Verde, Ahumadas y Salco Brand.

Este martes 07 de abril se celebra en el mundo entero el DIA MUNDIAL DE LA SALUD, y con esta cruzada de los chilenos por demostrarle a estos consorcios que con la salud de Chile no se juega, es que te hacemos un llamado a no comprar producto alguno a las tres cadenas de farmacias más importantes del país.

Que sientan el golpe, los consumidores en Chile sí tenemos igualdad de derechos y al fin y al cabo somos los clientes los que le entregamos el oxígeno suficiente para que las farmacias existan, entonces, cortémosle este suministro por 24 horas, para que sepan que de verdad estamos molestos.

En caso de urgencias para ese día prefiera las farmacias no asociadas a esas cadenas y que por lo demás, suelen tener precios más convenientes. Tómate la molestia, ya que al fin y al cabo si no lo hacemos nosotros ¿quien mas lo hará?

 

 

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